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martes, 4 de septiembre de 2012

You never leave Eurasia alive!!!

Aunque disfrutaba de MegaDrive desde mi cumpleaños, y con muchísimo esfuerzo había conseguido cuatro juegos, en aquel diciembre de 1991 iba a vivir mis primeras navidades segueras, y no iba a aceptar otra cosa que no fuesen más juegos para mi recién estrenada colección.

Una parte de mi quería ese asombroso Sonic, pero resultó que entre que tenía otros amigos a los que les habían regalado la consola con el juego estrella de Sega y que tampoco me atraían demasiado los plataformas de mascota, acabé pasando del erizo/puercoespín azul. De hecho, durante mucho tiempo no me compré juegos que ya tuviese algún amiguete y que me pudiera dejar (por mucho que me gustaran), y con el Sonic me resistí por cabezón hasta que lo vi por 1 € en un cash hace cuatro o cinco años y no pude más…

Pero esa es otra historia, y los juegos que acabaron cayendo esa navidad fueron tres: un E-Swat que era un poco “quiero y no puedo” de Robocop (aunque le eché muchas horas y lo disfruté bastante), un clásico como Out Run que me supo a poco (demasiado corto y simple teniendo ya el Super Mónaco), y la que fue mi joya en esas navidades y mi juego preferido durante mucho tiempo, el juego del que hablaremos hoy…


Mi cartucho de Strider junto a Alucard...

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