Cuando compramos la Mega Drive en el Corte Inglés allá por el pleistoceno, nadie supo decirnos si aquella exótica máquina venía con algún juego incluido o por el contrario la vendían “pelada”. Para colmo, allí sólo tenían a la venta un par de títulos: uno era el Alex Kidd in the Enchanted Castle y el otro, por suerte, fue el que se vino para casa ante el miedo de no poder estrenar el “juguete” recién adquirido.
El otro recuerdo, la primera experiencia de mi padre con un videojuego, que duró lo que el hombre tardó en descubrir que girar el mando de la Megadrive de izquierda a derecha como un loco no evitaría que se estrellase al llegar a la primera curva… cuando le expliqué que para girar debía utilizar ese botón grande en forma de cruz del control pad, su curiosidad hacia los videojuegos desapareció por completo (hasta que llegó la Wii), pero yo conseguí vía libre para echar las partidas que quisiese al que fue mi primer juego (junto al Altered Beast, que como ahora todos sabemos, sí estaba incluido con la Mega Drive)
