Aunque
todavía no forma parte de mi colección, siempre he sentido un “algo
especial” por este juego desde la primera vez que lo vi,
probablemente por mi admiración hacia el protagonista absoluto del
mismo, un espectacular avión de combate supersónico caracterizado
por sus dos motores escupiendo fuego en la cola y sus alas
retráctiles en pleno vuelo, una máquina que ya había adquirido
tintes legendarios tras el éxito de la película Top Gun, el famoso
caza F-14 Tomcat.
Personalmente
descubrí el juego en el Amstrad CPC de un buen amigo, y fue amor a
primera vista (a pesar de que hoy me cuesta mucho jugarlo en esa
versión), así que cuando otro amiguete lo consiguió para Megadrive
en las navidades del 91, ansiaba que me dejase ese cartucho por
encima de cualquier otro título (y eso que el chico también tenía
el Alien Storm, el Super Ghouls’n Ghost y el Bonanza Bros), ya que
emular a todo un Maverick pilotando su F-14 era algo que no pasaba
todos los días.
Creo
que no hace falta decir mucho más para presentar este juego, porque
hoy toca un clásico de Sega, ni más ni menos que de…
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